viernes, 6 de junio de 2014

Las Cañadas del Teide, historia de la investigación

 La imagen que nos ha llegado hasta la actualidad del pastor guanche es una imagen estereotipada, en buena parte responsabilidad de un trabajo mal hecho por la academia. No cabe duda la importancia que esta actividad tuvo entre los guanches, los aborígenes de Tenerife, y a pesar de ello, no se ha traducido en una comprensión más precisa. En la organización ganadera guanche destaca un elemento fundamental, el papel de los espacios comunales, lugares dedicados al pasto, en concreto hablamos de las Cañadas del Teide.

Vista panorámica de tan solo un fragmento de lo que son Las Cañadas del Teide
En la teorización sobre estos espacios destaca el trabajo de Luis Diego Cuscoy, que se esforzó en conocer a los cabreros que aun pastoreaban por el lugar. Son dos los principales fallos que tiene el modelo de Cuscoy: en primer lugar plantea una explicación única al papel del lugar; y segundo, afirma que existe una clara continuidad en el tiempo de las prácticas de pastoreo guanches.

Frente a ello, nos encontramos, una vez finalizada la conquista, con los Acuerdos del Cabildo que regulan los espacios dedicados al pastoreo así como la cantidad de ganado que debía haber en ellos, entre otras cosas; y es en el XVIII cuando se termina recluyendo los lugares de pastoreo a las Cañadas. Todo esto contraría la explicación de que no hubo ninguna transformación significativa en dicha actividad y la posibilidad de establecer tranquilamente una continuidad entre los grupos pastoralistas de todos los tiempos.

Las primeras excavaciones comienzan en 1942, con motivo de la creación de la Comisaría Provincial de Excavaciones Arqueológicas en Tenerife, dirigidas por Cuscoy. Lo que han hecho los trabajos posteriores ha sido tan solo reforzar lo dicho entonces. Los criterios cambiaron con la creación del Departamento de Arqueología y Prehistoria de la Universidad de La Laguna en el 69, frente a los trabajos de prospección que solían llevar a cabo comenzaron a realizarse excavaciones arqueológicas y a buscar secuencias estratigráficas.
Luis Diego Cuscoy

En los 80 se producen dos cambios importantes, la renovación de la historiografía canaria y la reactivación de las investigaciones de Las Cañadas. Se forman dos equipos de investigación, salidos de la Universidad de La Laguna, para trabajar en la zona. Es ahora cuando se van formando nuevos planteamientos sobre la presencia aborigen en la cumbre, que desmitifican la idea del pastor guanche que en los ratos libres fabrica instrumentos líticos para su unidad familiar, para aparecer una línea teórica en el sentido de la entrada anterior. También aparecerá una línea de investigación centrada en el papel como Montaña Sagrada del espacio del Teide.

Por último, entre los yacimientos existentes se han establecido dos categorías: los que presentan estructura y los que carecen de ella. Los primeros poseen una gran variedad constructiva. La situación de los segundos parece encontrarse en lugares estratégicos y cercanos a las estructuras más sólidas. Y existe un tercer grupo, los espacios sepulcrales, formados por enterramientos en cueva de uno o varios individuos. Sea como sea, se confirma el relevante papel que el espacio de Las Cañadas debió suponer para los guanches.

Bibliografía


 A partir del artículo de Matilde Arnay de la Rosa, Los espacios comunales en el contexto de la cultura prehistórica canaria: El escenario de las Cañadas del Teide, 2006.

domingo, 27 de abril de 2014

La explotación y distribución de las materias líticas en la sociedad guanche

El Tabonal Negro, que podemos ver aquí, junto al Tabonal de los
Guanches, fueron los principales centros de extracción de obsidianas
de Tenerife.
En esta entrada intentaremos sintetizar las ideas principales del fragmento de la tesis citada en la bibliografía. Trataremos el tema de la explotación de las industrias líticas y su distribución en Tenerife, así como las profundas dinámicas que imprimió este sistema en la sociedad aborigen.

Hay que tener presente que estas -industrias líticas- constituyeron parte importante de las herramientas usadas por los aborígenes en sus tareas cotidianas (cortar la carne, fabricar otros utensilios en hueso o madera,...). Sabiendo que en las islas no hay recursos metalizables, y que una vez llegan los pobladores tienen que crear un sistema nuevo de explotación de las materias líticas, que además irá evolucionando, podemos comenzar a describir el objeto de estudio en sí.

¿Cuáles son las características de las materias primas en sí mismas? Pues bien, podemos distinguir dos grupos principales: obsidianas, de filo cortante, aparecen en bloques no excesivamente grandes, poseen además una presencia escasa y concentrada en el territorio; y las rocas de grano grueso, utilizadas para trabajos muchas veces de menor precisión, es mucho más abundante en la isla. Sin embargo, ambos tipos de rocas aparecen igualmente representadas en los hábitats aborígenes de toda la isla.

¿Cómo ha podido suceder esto? Lo que nos da a conocer este dato es la existencia de una compleja organización para la explotación y distribución de la obsidiana, que la ponía a la disposición de todos las comunidades guanches de la isla en cantidades similares, desde un par de puntos muy concretos de la isla. Por ahora solo han podido ser constatadas arqueológicamente dos fases de este modelo: los restos de la extracción del material en las coladas obsidiánicas y los restos de su transformación en herramientas, así como estas mismas, en contextos domésticos.

Las minas de Hogarzales, situadas en Gran Canaria, son el único
ejemplo comparable al de Tenerife, de centro de producción en el
archipiélago.
Pero, lo que quizás sea más interesante y difícil de averiguar: ¿qué significó para la sociedad prehispánica tinerfeña, el llevar a cabo esta ingente tarea productiva? La labor de repartir la obsidiana de manera uniforme por toda la isla es algo que se le escaparía a un servicio realizado por comunidades locales, hablamos por tanto de una organización supraterritorial, un grupo dominante que dirigiría y se beneficiaría del control y distribución de las obsidianas.

Por último, quedaría por confirmar la existencia de esa organización supraterritorial, de la que no tenemos constancia alguna en las fuentes. Al contrario, estas nos hablan de diversos menceyatos, pudiéndose quizás tratarse de una desestructuración, provocada por el contacto con los europeos, que les habría facilitado la posterior conquista de la isla. Pero está aún por averiguar.


Bibliografía


Esta entrada saca sus ideas del capítulo conclusivo de la tesis de Cristo Manuel Hernández Gómez, Territorios de aprovisionamiento y sistemas de explotación de las materias primas líticas de la prehistoria de Tenerife, Universidad de La Laguna, pp. 725-772.

domingo, 13 de abril de 2014

La imagen del aborigen canario. La creación ilustrada

En estos cuadros podemos ver una imagen idealizada de los
aborígenes canarios
En esta entrada, realizada a partir de los artículos citados, queremos hacer un acercamiento al proceso de creación, de la imagen del aborigen canario que ahora poseemos, centrándonos sobre todo en Viera y Clavijo que, desde el contexto de la Ilustración, jugó un destacado papel. ¿Proceso de creación?, ciertamente en este, como en otros muchos aspectos, creemos que todo lo que sabemos es inocente de poseer cualquier significado oculto y fruto de un esfuerzo científico por la búsqueda del conocimiento.

Pero la realidad no es exactamente así, sino que en ello han participado los prejuicios e intereses de las sociedades pasadas y actuales (sí, actuales también), imprimiéndoles significados como el de raza o nación, en una evolución histórica que va desde la toma de conciencia europea de la existencia del “Otro”, hasta las teorías raciológicas al servicio de diversos intereses en los dos últimos siglos (cómo olvidar el imperialismo por ejemplo).

La idea de la raza forma quizás, con sus múltiples variantes, el elemento más característico de la construcción del “guanche”, una idea que llega hasta la actualidad y que está cargada de significaciones políticas y pseudocientíficas. Por un lado la raza ha servido en los momentos necesarios de fundamento ideológico de la explotación o exaltación incluso (lo que se ajusta más a la realidad canaria, distinta de la de los pueblos subsaharianos por ejemplo). Por otro lado la ciencia, y en concreto la antropología, han servido consciente (al servicio de la maquinaria del poder) o inconscientemente (siguiendo sus ahora superados paradigmas) a dichos propósitos.

Sin embargo, antes de que los aborígenes canarios se les vinculase interesadamente a una raza tan buena como la bereber (origen que por cierto sí está comprobado), oprimida por los árabes y de características europeas (rubios y de ojos azules), ya se había hecho buena a la sociedad aborigen en los siglos anteriores al XIX, entre los que destaca nuestro ya citado y a continuación tratado Viera y Clavijo.

Viera y Clavijo
Este ilustre e ilustrado personaje es merecidamente conocido por dar un primer paso en lo que viene a ser la crítica de las fuentes a la hora de la hacer historia canaria. Sin embargo, en muchas ocasiones, a la hora de describir a los aborígenes rehusaba de los principios seguidos para describir a una sociedad idealizada, estimando por bueno cosas ya dichas en las crónicas de la conquista y participando de la construcción intelectual del “buen salvaje” (término referido al estado idealizado de unas sociedades previas a la civilización) en la línea de la Ilustración.

Frente a lo ocurrido con otros pueblos con los que se encontraron los europeos, la consideración del indígena canario como bárbaro en su sentido despectivo no fue la tónica dominante. En esta última corriente se inserta Viera, que escribió sobre su simplicidad y candor; sus dotes atléticos; su buen temperamento y moralidad; la ausencia de ociosidad; o incluso como observantes de “una ética experimental dictada por la razón” y poseedores de una religión que “adoraba filosóficamente”.

Cuando tuvo que enfrentarse a la realidad de una sociedad aborigen con instituciones y desigualdades, lo que hizo fue crear un nuevo apartado dentro del estadio anterior a la civilización, y considerar estos hechos como las mejores opciones para, dentro de sus circunstancias, seguir preservando un sistema justo. Lo que realmente hacía Viera, fue lo siguiente, a partir del modelo de la España de la segunda mitad del siglo XVIII, proyectó su visión de una sociedad ideal.

Aunque ambos artículos nos ofrecen conclusiones interesantísimas que no he querido recoger por espacio, sí que he tomado la siguiente: y es que, “en el fondo, nunca hemos hablado de los guanches sino de nosotros mismos” (F. Estévez González).


Bibliografía

Como completa introducción de la evolución histórica de la imagen del guanche resulta muy recomendable leer el artículo de Fernando Estévez González, La invención del guanche. Clasificaciones imperiales y correlatos identitarios de la raciología en Canarias, Universidad de La Laguna. Como desarrollo del papel jugado en este proceso por Viera y Clavijo en concreto leer el artículo de Demetrio Castro Alfín, «Una vida sencilla y filosófica». El primitivismo idealizado en la ʻHistoriaʼ de Viera y Clavijo, XI Coloquio de historia canario-americana, Tomo II, Las Palmas de Gran Canaria, 1994, pp. 703-725.

domingo, 30 de marzo de 2014

El impacto de los aborígenes en su medio natural


En primer lugar, a la hora de tratar el tema, es necesario que nos hagamos una pregunta: ¿existía alguna contradicción entre el desarrollo de estas sociedades y la conservación del entorno?

 Cuando hablamos del sistema de subsistencia de los aborígenes, nos referimos a una economía mixta productora/depredadora, es decir, que practicaban tanto la agricultura y la ganadería, como la caza y la recolección. Las actividades productoras fueron las que más importancia tuvieron, y entre ellas destacaba la ganadería, con la única salvedad de Gran Canaria, donde la agricultura era la que prevalecía. La caza y recolección, aunque en un segundo plano, venían básicamente a complementar la dieta.

 La actividad ganadera estaba protagonizada por dos especies: la cabra (ver a la izquierda) y la oveja. El control de la cabaña ganadera ocupaba buena parte de los esfuerzos de los aborígenes. El cuidado de estas requería de la práctica de sistemas de pastoreo, obteniendo con ello los necesarios recursos alimenticios y materias primas.

 En la agricultura, con la intensidad y la distribución geográficas ya señaladas, destacó el cultivo de dos cereales, el trigo y la cebada, en una agricultura de secano, salvo en Gran Canaria, donde también se desarrolló la de regadío, y en menor medida en el norte de Tenerife.

 El potencial cinegético (relativo a la caza) era relativamente escaso. La recolección fue otro complemento, alimenticio (marisqueo, frutos silvestres), pero también proveyó de productos medicinales y materias primas, madera sobre todo. Un proceso, que con diferentes intensidades se desarrolló al menos durante 2.000 años, antes de la llegada de los primeros europeos.


Y entonces nos volvemos a preguntar, ¿conllevó esto alguna modificación de su ecosistema? Veamos que parecen decirnos los datos al respecto. La interpretación de los análisis arqueológicos (que no son tantos como sería deseable), nos muestran perfiles estratigráficos con gruesos estratos de erosión, consecuencia propia de la pérdida de la cubierta vegetal por la tala y el pastoreo. Los restos óseos de especies ya extintas, manifiestan marcas de corte propias de la extracción intencionada de su carne con instrumentos líticos y, por otro lado, la abundancia de semillas de malas hierbas evidencia una roturación de las tierras para su cultivo.

 Con estas sociedades vinieron nuevas especies que trastornaron el desarrollo de las ya presentes, cuando no contribuyeron a causar su extinción. Caso visible es el del gato. En todo ello se percibe además, como los recursos consumidos tornan gradualmente de la explotación del bosque termófilo (ver la ilustración superior), región predilecta de los aborígenes, al más lejano monteverde (o laurisilva). Esto, donde más se evidencia, es en la progresiva variación de los carbones prehistóricos hallados, y es que la tala para la obtención de maderas como materias primas no fue menos fundamental.

 En definitiva, en un entorno con una evolución propia y natural, vino a implarse un modelo de explotación de los recursos depredador/productor por parte de unas sociedades del norte de África, que no solo modificó el medio, sino que lo transformó, ahora bien, no en la misma manera e intensidad que lo haría el modelo implantado a continuación, por parte los europeos a finales de la Edad Media. Cuestión aparte es la pervivencia interesada de discursos superados y la dificultad del conocimiento científico en extenderse, tema quizás de una futura aportación en el blog.

Bibliografía

 A modo de introducción sobre los modos de vida de los aborígenes fue consultada la obra de Mª del Carmen del Arco Aguilar y Juan Francisco Navarro Mederos, Los aborígenes. Historia popular de Canarias I, Santa Cruz de Tenerife, 1987. Los datos que evidencian su impacto en el medio natural salen del artículo de Jacob Morales Mateos et alii, en el número 19 de la revista El Indiferente, El impacto de las actividades humanas sobre el medio ambiente de las islas Canarias durante la prehistoria, La Orotava, 2007. Además, resulta muy recomendable, de un carácter divulgativo y más propio de las ciencias medioambientales, la siguiente obra (de acceso abierto online) de  José María Fernández-Palacios et alii,Los Bosques Termófilos de Canarias Proyecto LIFE04/NAT/ES/000064, Santa Cruz de Tenerife, 2008.

 Imágenes obtenidas de, http://www.capraispana.com/noticias/2008/febrero/semana1/la_cabra_aborigen_
retorna_a_cana.htm, para las cabras; y de, http://www.mundoguanche.com/portada/articulo.php?id_articulo
=111, para la ilustración con los pisos bioclimáticos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

No es en vano

Facultad de Humanidades de la ULPGC, obtenida en
http://biblioteca.ulpgc.es/conocenos_organizacion.
Tras acabar el bachiller y haberlo aprobado junto con la PAU, se nos presentó algo que llevábamos tiempo esperando, nuestra entrada en la universidad. A pesar de ello, muchos vieron como se frustraban sus planes; por diversas circunstancias la carrera elegida tuvo que ser cambiada por otra, en el caso de nuestros compañeros, por Historia. Se mostraba, por lo tanto, una situación distinta a la deseada, una situación que debe de estar requiriendo un doble esfuerzo, mayor en tanto que los contenidos de la primera opción se distancian de esta carrera en la que estamos ahora. Merece la pena quizás reflexionar, empezando por mí mismo, sobre el tiempo que, con más o menos ganas, pasamos en dicho grado, y especialmente pensar en sí es, o no, útil. Ya afirmo de antemano que sí lo es, tal vez en este curso de forma más oculta por la presencia de las asignaturas generales.

Del estudio de la Historia, al contrario de lo que podríamos creer y, vayamos o no a ser historiadores, podemos obtener un importante provecho. Se puede decir que el mundo en el que vivimos está codificado, la verdad es que no alcanzamos a comprender la profundidad que realmente tiene; la biología, por ejemplo, nos descodifica lo referente al funcionamiento de la vida; así, por su parte, la Historia lo hace con el devenir de la humanidad, desvelándonos parte (pues no todo se ha conservado y además aun queda mucho por descubrir) de sus éxitos y sus fracasos, sus inquietudes y su modo de vivir, y lo que para mí es especialmente interesante, observándola en comparación con la actualidad.

Ahora se me ocurren tres ejemplos de esto, de la utilidad que tiene la Historia “fuera de sus límites”: para decidir, por ejemplo, si debemos invertir más o menos en educación, resulta interesante el ejemplo de las primeras civilizaciones, en la que los poderosos pensaban que el conocimiento de la escritura debía mantenerse en secreto por seguridad y, sin embargo, el progreso vino a través de la extensión de su uso; otro ejemplo de su utilidad, en este caso para formarnos un criterio ante lo que nos rodea, está en el hecho de que mientras ahora grupos de personas defienden la paz y la libertad, en un pasado quitaron vidas y gobiernos; o más sencillamente, para saber cuando nos cuentan la verdad sobre nuestro pasado o nos están intentando engañar; en definitiva, su fin último, en el que se puede resumir todo esto, es el de hacer justicia.

  No obstante, mi deseo no deja de ser otro que, en tanto que esté en nuestras posibilidades, estudiemos lo que realmente nos gusta; así que ánimo con este curso, con seguir intentando lograr estudiar lo que queremos, pero eso sí, sin olvidar que pase lo que pase en un futuro, especialmente si llegado ese momento no estamos en esta carrera o ya desde ahora vemos estos meses como un tiempo perdido, que lo que estamos aprendiendo en Historia, no es en absoluto en vano.